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7.1 Mercados Financieros

Durante los primeros meses de 2016, los mercados financieros estuvieron marcados por la caída del precio del petróleo y por la evolución macroeconómica de China. La publicación de varios datos macroeconómicos chinos inferiores a las expectativas, junto con el incremento de los flujos de salidas de capital, puso en entredicho la capacidad del gobierno para dinamizar una economía en pleno cambio de modelo económico. En su intento de estabilizar el tipo de cambio de la divisa, el Banco Popular de China (BPOC) endureció, a lo largo de 2016, su política monetaria (incrementó los tipos de interés a corto plazo) con el objetivo de frenar la salida de capitales.

En marzo, el Banco Central Europeo (BCE), ante unas perspectivas de crecimiento e inflación más débiles de lo esperado, decidió reducir el tipo de interés oficial en 5 P.B. hasta el 0% y el tipo aplicable a la facilidad de depósito en 10 P.B. hasta el -0,40%. También se anunció el incremento de las compras mensuales en el marco del programa de compra de activos QE desde los 60.000 millones hasta los 80.000 millones de euros, incorporando, además, en la lista de activos admisibles la renta fija corporativa en euros con calificación de grado de inversión emitidos por empresas no pertenecientes al sector bancario establecidas en la zona euro. Por último, el BCE anunció que a partir de junio iniciaría una nueva serie de cuatro operaciones de financiación a cuatro años TLTRO II con el objetivo de incentivar el crédito bancario a la economía real. 

En agosto, tras el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea celebrado en junio en el que los británicos decidieron abandonar el proyecto común europeo, el Banco de Inglaterra (BoE) adoptó un paquete de medidas adicionales para dar apoyo al crecimiento económico en los tiempos de incertidumbre después del referéndum. Las nuevas medidas incluyeron una rebaja de los tipos de interés oficiales en 25 P.B. hasta el 0,25% y una expansión del programa de compra de activos que fue financiada a través de un aumento del balance del propio banco central. 

A pesar de que el propio BoE consideraba que el impacto del Brexit era difícilmente cuantificable, resaltó que esperaba una reducción de la renta disponible de los ciudadanos británicos a causa de la depreciación de la libra esterlina y de los previsibles mayores costes en el comercio internacional. Por otro lado, el BoE también resaltó que esperaba una sensible caída de la inversión privada a causa del periodo de incertidumbre que se abría tras el Brexit.

En septiembre, con la intención de elevar la inflación subyacente hasta el objetivo del 2%, el Banco de Japón (BoJ) decidió modificar la composición de su programa de Quantitative Easing a la vez que mantenía intacto el ritmo de expansión del balance. En su objetivo de evitar una caída excesiva de las rentabilidades del tramo más largo de la curva de deuda soberana que pudiera perjudicar a ahorradores y entidades financieras, la entidad presidida por Haruhiko Kuroda introdujo las compras de deuda pública a un tipo de interés fijo definido para controlar la pendiente de la curva. 

En diciembre, en EE.UU., la Reserva Federal decidió elevar, por primera y única vez en 2016, el rango de los tipos de interés en 25 P.B. hasta el rango 0,50% - 0,75%. La buena evolución de los datos macroeconómicos durante la última parte del año, consiguiendo progresos tanto a nivel de precios como en la tasa de desempleo, permitió dar un paso adelante a la entidad presidida por Janet Yellen en su camino hacia la normalización de la política monetaria. En relación con el timing de los ajustes en la política monetaria en el futuro, la FED volvió a remarcar que estos estarán supeditados a la evolución de la inflación, al mercado laboral y a la evolución del crecimiento económico a nivel internacional.

Respecto a los mercados de renta fija, el año 2016 fue el año de una continuación de su revalorización generalizada aupada por unos bajos niveles de inflación, un débil crecimiento económico global y una política monetaria acomodaticia por parte del BCE, del BoE, del BoJ y del Banco Popular de China, a pesar de que la Reserva Federal elevó, de manera muy prudente, el tipo de interés oficial. 

En Europa, la rentabilidad del bono alemán a 10 años llegó a situarse en negativo (-0,20%) los meses posteriores al referéndum británico en un movimiento generalizado de aversión al riesgo en los mercados financieros, actuando así como activo refugio. En cuanto a la evolución de la deuda soberana periférica del Viejo Continente, hubo una evolución dispar a lo largo de 2016 entre España e Italia. La incertidumbre política durante la segunda mitad del año en Italia, unida a la falta de reformas estructurales en el país trasalpino, hizo aumentar la prima de riesgo italiana desde los 97 P.B. a principios de 2016 hasta los 161 P.B. a cierre de año. Por otro lado, el buen momento macroeconómico en España, con un crecimiento económico por encima de la media europea, mantuvo prácticamente inalterada la prima de riesgo en torno a los 115 P.B., rebajando el coste de financiación de la deuda a 10 años hasta el 1,38% desde el 1,77% a principios de 2016.

Por su lado, la deuda soberana europea a corto plazo siguió anclada en zona de mínimos históricos, e incluso en tipos de interés negativos, a causa de la política monetaria expansiva del BCE. 

En EE.UU., la buena marcha económica de la primera potencia mundial, junto con una Reserva Federal ligeramente menos acomodaticia, provocó un leve repunte en las rentabilidades de la deuda soberana estadounidense, elevando la rentabilidad del bono a 10 años hasta el 2,44% hasta finales de 2016 desde el 2,27% a principios de año. La rentabilidad de la parte más corta de la curva (2 años) también aumentó ligeramente, manteniendo así la pendiente de la curva prácticamente inalterada.

En Gran Bretaña, la revisión a la baja de las expectativas de crecimiento económico y la rebaja de tipos anunciada en agosto por parte del BoE tras el Brexit redujo la rentabilidad de la totalidad de la curva de la deuda soberana británica. Tras el anuncio del BoE, la rentabilidad de la deuda soberana a 10 años marcó un mínimo histórico en el 0,51%, para finalmente cerrar 2016 en el 1,24%.

Por su lado, tanto el crédito con grado de inversión como el crédito con grado especulativo (high yield) tuvieron un comportamiento parecido. Ambos sufrieron ampliaciones sensibles durante la primera parte del año ante las dudas sobre la economía china y la fuerte caída del precio de las materias primas. De este modo, el diferencial del crédito europeo con grado de inversión en febrero respecto al activo libre de riesgo amplió hasta los 125 P.B. desde los 90 P.B. a principios de año, mientras que su homólogo high yield se incrementó hasta los 500 P.B. A partir de ahí, respaldados por una mejora tanto de los datos de actividad económica como de confianza, la estabilización del precio de las materias primas y la actuación del BCE, el crédito “IG” y el crédito “HY” fueron estrechando el diferencial hasta los 72 y los 288 P.B., respectivamente, cerrando 2016 en mínimos anuales.

Tras cinco años consecutivos de retrocesos, las materias primas se convirtieron en la clase de activo con mayor rentabilidad en 2016, superando incluso las abruptas caídas de los primeros compases del año. Asimismo, los índices de renta variable obtuvieron ganancias en torno a doble dígito tanto en mercados emergentes como en desarrollados. En el caso de la renta fija, los índices globales obtuvieron ganancias en un contexto general de curvas de tipos cayendo y diferenciales de crédito ligeramente estrechando. En cuanto a las divisas, el real brasileño y el rand sudafricano fueron las que registraron mayores apreciaciones respecto al dólar estadounidense, mientras que el peso mexicano y la libra esterlina fueron las divisas con mayores depreciaciones.

En EE.UU., en un año de elecciones que se saldaron con el nombramiento de Donald Trump como nuevo presidente, el S&P 500 cerró el ejercicio con un alza del 9,5%, mientras que el selectivo Dow Jones se anotó una subida del 13,4%. En términos sectoriales, el mejor fue materiales básicos y los peores fueron consumo básico y salud. En el capítulo corporativo, las compañías mantuvieron el buen tono en cuanto a la generación de caja se refiere, lo cual permitió mantener elevada la remuneración al accionista y la solidez de los balances en un 2016 en el que las operaciones corporativas volvieron a alcanzar niveles de 2007 tanto en términos de número de transacciones como en volúmenes. 

En Europa, 2016 tuvo dos momentos críticos que no impidieron que, en términos generales, los índices del Viejo Continente terminaran en positivo. En primer lugar, las dudas sobre la desaceleración china, el colapso del precio del petróleo, la pérdida de confianza en los bancos centrales y los síntomas de una posible debilidad de EE.UU dieron pie a fuertes caídas en las primeras semanas del año, que alcanzaron su nivel máximo a mediados de febrero con las bolsas acumulando descensos superiores al 15%. Así, al final del segundo trimestre, el inesperado resultado del referéndum en el Reino Unido propició una fuerte corrección, aunque de muy corto plazo, que fue el punto de inflexión para los activos de riesgo en la segunda parte del año. En este entorno, el Eurostoxx 50 se revalorizó en un 0,7% en 2016. Por su parte, el IBEX 35 se dejó un -2,01% en un año especialmente positivo para las compañías vinculadas a materias primas. Como en el caso americano, sectorialmente en Europa las mineras y las compañías de petróleo y gas registraron los mayores incrementos, mientras que, en este caso, el sector telecomunicaciones fue el más castigado con la mayoría de compañías del índice en negativo.

Los mercados emergentes capitalizaron el interés del mercado en las primeras semanas del año, con incertidumbre acerca de la desaceleración económica en China y bruscas caídas en los precios de las materias primas. Posteriormente, la recuperación del precio de las commodities y un tono más acomodaticio de los bancos centrales dieron paso a una fuerte recuperación de los índices emergentes, incluso sobreponiéndose al Brexit y a la victoria del candidato republicano Donald Trump en EEUU. En cuanto a zonas geográficas concretas, destacaron el agravamiento de la conflictividad interna en Turquía, la continuidad de las dificultades de la economía brasileña y la decisión del gobierno indio de desmonetizar la economía suprimiendo más del 75% de los billetes en circulación con el objetivo de reducir la economía sumergida. Con todo, el índice brasileño Bovespa se anotó la mayor subida, mientras que la bolsa de Turquía fue uno de los selectivos con peor evolución.

 

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